Expolio
Rosa Regás

Es realmente encomiable que después de tantos meses de lucha contra las decisiones del Parlamento, el alcalde de Salamanca haya decidido al fin utilizar el buen sentido y restituir la verdad de unos hechos que, conocidos de todos, han necesitado de las leyes democráticas, las que votan los representantes de toda la población, para ser plenamente aceptados. Haber decidido dar a la antigua calle Gibraltar donde está ubicado el Archivo el nuevo nombre de 'calle del expolio' no hace sino demostrar que al fin prevalece la verdad en las personas de buena voluntad y de amor a la democracia.

Efectivamente, el alcalde, como buen demócrata, parece haber aceptado la ley 21/2005, «de restitución a la Generalitat de Cataluña de los documentos confiscados con motivo de la Guerra Civil custodiados en el Archivo General de la Guerra Civil de Salamanca y de creación del Centro Documental de la Memoria Histórica », cuyo proyecto de ley había sido aprobado en el Congreso de los Diputados el 15 de septiembre de 2005 por 193 votos a favor y 134 en contra, y que siguiendo su trámite preceptivo lo fue también el 26 de octubre en la Comisión de Cultura del Senado. El 3 de noviembre de 2005 el Pleno del Senado aprobaba la ley tal como había sido transmitida al Congreso de los Diputados y el 18 de noviembre se publicó en el Boletín Oficial del Estado, cerrando así un proceso iniciado más de veinticinco años antes.

Los documentos en cuestión fueron confiscados por el servicio de recuperación documental creado por el dictador en plena Guerra Civil, al mando del cual estaba el carlista Marcelino de Ulibarri Eguilaz. Su cometido era proporcionar información a los golpistas sobre la actuación y la historia de los que habían defendido la legalidad de la República. Del 28 de enero al 3 de junio de 1939, sus equipos se dedicaron a registrar sistemáticamente un total de 1.400 instituciones, sedes de partidos políticos y sindicales, asociaciones, redacciones de periódicos, imprentas, editoriales y domicilios y oficinas de particulares expoliando todo lo que encontraron, incluso lo que nada tenía que ver con la República , como documentos de 1925 y papeles de finales del siglo XIX que, convertidos en 15.000 legajos, estuvieron durante la dictadura en manos del servicio de investigación de la Policía , la Guardia Civil y la Falange para facilitar su brutal represión.

Un expolio, pues, que la democracia ha recuperado para la Historia y gracias a su alcalde tiene ya su lugar en la bella ciudad de Salamanca.


MEMORIA HISTÓRICA

Con “Memoria histórica” la Biblioteca Nacional ofrece a los usuarios una guía de recursos sobre un determinado tema monográfico de nuestra Historia más reciente, y es la primera de una serie que va a continuar con otros temas de interés, como “Las tres culturas” o “Las culturas de los pueblos de España” que están ahora en preparación.

Hemos querido que “Memoria Histórica” fuera la primera de ellas porque creemos que es la que más necesita ser investigada y conocida por los usuarios. La memoria de los acontecimientos que ocurrieron en España a partir de 1931 han provocado un gran interés en los estudiosos e historiadores de todo el mundo y se cuentan por cientos los libros publicados sobre estas cuestiones, pero aún así no ha logrado penetrar en la conciencia de los ciudadanos que durante muchos años apenas tuvieron  noticia verdadera de lo que fueron los hechos complejos, portentosos y casi siempre dolorosos que acompañaron el advenimiento de la  Segunda República y su difícil desarrollo, el golpe de Estado contra ella, la guerra civil que le siguió y la larga y oscura posguerra que acabó cuarenta años más tarde con la muerte del dictador. Esta memoria forma parte de nuestro presente, y su conocimiento es fundamental para saber quienes somos y de donde procedemos.

La Biblioteca Nacional inició esta línea de recuperación de la memoria histórica, con la bellísima exposición “Biblioteca en guerra” que se inauguró en diciembre de 2005 y  se prolongó hasta marzo de 2006. Los comisarios fueron  los bibliotecarios Blanca Calvo y  Ramón Salaberría que llevaron a cabo un pormenorizado trabajo de investigación sobre el esfuerzo desplegado por la República en educación y cultura, y la defensa del patrimonio de la Biblioteca Nacional por parte de su director Tomás Navarro Tomás durante los bombardeos de los sediciosos en los años de la guerra civil.

Este año de 2006, según decisión adoptada por el Congreso de los Diputados, es el año de la Memoria Histórica. Sea pues esta guía de recursos un homenaje desde la Biblioteca Nacional a los que defendieron la legalidad y una ayuda que facilite a los ciudadanos el acceso a los textos necesarios para conocer y recuperar nuestra verdadera Historia.

Rosa Regàs
Directora General