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Entre
los himnos regionales, los más difundidos son el Guernikako arbola,
del versolari Iparaguirre, Els segador y el himno gallego de Pondal.
Pero de todos estos himnos, nacidos la mayoría de
ellos en los azarosos días del absolutismo y por tanto invocaciones a
la libertad perdida, el de Riego, a Riego, como escribieron sus
autores, es el que ha tenido mayor fortuna. Tanta que muy pronto, el 7
de abril de 1822, fue declarado oficialmente himno nacional. Himno que
no sólo entonaron los liberales y luego los republicanos, sino también
el propio Fernando VII, desde uno de los balcones del Palacio Real de
Madrid ante un enfervorecida multitud.
Así mismo, el Himno de Riego fue proclamado himno y
marcha oficial de la Segunda República española, a pesar de ciertas
resistencias que consideraban su música ramplona y poco adaptada las
circunstancias. Por ello, la noche del 27 de abril de 1931 se dio a
conocer en el Ateneo madrileño una composición con letra de Antonio
Machado y música de Oscar Esplá, dos hombres prestigiosos, con el
fin de que fuera declarado himno nacional. La interpretaron ante la
presencia de Don Manuel Azaña, ateneísta de pro y futuro presidente
de la República, la entonces famosa cantante Laura Nieto y la
prestigiosa Banda Real del Cuerpo de Alarbaderos, ya suprimida y cuyos
maestros vestían el clásico esmoquin.
Al día siguiente del estreno, el diario El Sol, de
tan destacada influencia, opinó que "si se desecha el actual
himno (se refería a la Marcha Real) no debe ser aceptado ninguno de
los conocidos hasta ahora, pues son muy malos. El que ayer ejecutó la
Banda de Alarbaderos, convertida en banda republicana, original del
maestro Esplá, es una pieza poco inspirada, basada en la opereta El
desfile del amor".
La realidad es que este nuevo himno carecía de esa
solemnidad marcial y de esa garra popular y cierta pegadiza sonoridad
que debe tener toda composición que aspire a convertirse en himno de
una colectividad. Por ello, y gracias a la insistencia de Azaña, que
se consideró heredero de los liberales del siglo XIX, el himno de
Riego fue proclamado oficialmente himno de la República española. Así,
y por dos períodos liberales y progresistas, ha sido el himno de
todos los españoles. "El Himno de Riego
-escribió Pío Baroja-, no cuajó en la segunda república porque
carecía de relación, exacta o aproximada, con ella. El himno, decía,
es callejero y saltarín; la República fue sesuda y jurídica. La República
no era heredera de los hijos del liberalismo; Mina, Riego, el
Empecinado, sino más bien obra de los hijos espirituales de Salmerón,
Pi y Margall y Ruiz Zorrilla." El novelista vasco atribuye este
fracaso a la letra. Los liberales, escribe, no supieron adaptar las
palabras a cada momento histórico y pecaron de académicos o de
ramplones y llega a sentenciar: "Hay que reconocer que
oficialmente y popularmente, no tiene letra".
Sin embargo, el Himno de Riego tuvo letra desde su
nacimiento en febrero de 1820, y fue adaptando muchas más a lo largo
del tiempo. Su primer autor fue el compañero de Riego y figura
relevante a lo largo del siglo XIX, Evaristo San Miguel. Asturiano
como Riego, liberal y escritor, tenía como el autor del levantamiento
en Las Cabezas de San Juan, alma ardiente y un espíritu exaltado.
Esta letra que ha llegado hasta nosotros, se
encuentra recogida en el opúsculo que "el ciudadano Mariano
Cabreriza dedica al ciudadano Riego y a los valientes que han seguido
sus huellas", donde se recopilan una colección de canciones
patrióticas de la época.
Existía otra letra de Alcalá Galiano que decía:"Patriotas
guerreros/blandió los aceros". Según la maliciosa suposición
de este último, a Riego no le gustó este texto porque su nombre no
se mencionaba expresamente. En 1836 se escribió una nueva letra
titulada La moderación: "Que mueran los que claman/por la
moderación/ para atacar los fueros/ de la Constitución".
Muchos años después, ya en vida de Baroja, un
diario donostiarra reprodujo como auténtica la letra anticlerical que
todos conocemos: "Si los curas y frailes supieran/ la paliza que
van a llevar/ subirían al coro cantando/ libertad, libertad,
libertad".
Muy distinto es el caso del autor o los autores de
la música. La mayoría de los historiadores, siguiendo a Mesonero
Romanos, da como autor a don José María de Reart y Copons, militar
heroico que había servido en el Ejército español y perdió una
pierna durante la guerra de la Independencia. Había nacido en Peronan
en 1784 y muerto en Madrid en 1857. Parece ser que se sentía
asombrado del éxito de su contradanza. Pero se ha atribuido a otros
muchos autores. Así, Grimaldi, en la revista El Averiguador, de 1871,
la atribuía al profesor don Manuel Varo, que la compuso en Morón y
que era músico mayor de la charanga de la caballería que Riego
llevaba en su columna.
Otra atribución de esta popular musiquilla aparece
en la Historia de la Revolución española desde la Guerra de la
Independencia hasta la Revolución de Sagunto, que dejó inconclusa
Blasco Ibáñez. Aquí se dice que el autor musical del Himno fue un
tal Gomis. Debe referirse con seguridad a José Melchor Gomis, músico
mayor del regimiento de Barcelona y autor de óperas, que se trasladó
a Madrid en 1820 como director de músicos de la Guardia Real.
Pero lo cierto es que el tal Gomis fue sencillamente
el adaptador del himno para banda. Su autoría, en cambio, está clara
en la ópera Riego en Sevilla, que fue repuesta en Barcelona en 1854.
Pero no queda ahí la cosa. Adolfo Salazar, en su
libro Los grandes compositores, dice que "entre los papeles inéditos
de Barbieri se encuentra una carta en la que se da como autor del
Himno de Riego a un tal don Antonio Hech, músico mayor del regimiento
de Granada". El señor Hech, de origen suizo y llegado a España
cuando la Guerra de la Independencia, habría escrito el himno en
1822, por lo cual recibió una recompensa de las Cortes que se trocó
después en persecuciones. La proposición presentada a las Cortes en
abril de 1822, para que se declarara oficial el Himno, no menciona a
su autor. El acta dice que se trata de una marcha verdaderamente española.
Por si todo esto fuera poco, don José María Sans
Puig, en un trabajo titulado Riego, un mito liberal, aparecido en
Historia y Vida, añade que también al Himno se le da un origen anónimo.
"Quien presencie las fiestas patronales de los pueblos del
hermoso valle de Benasque, podría oír una típica y alegre danza
popular llamada ball de Benás", cuyo origen se pierde en la
noche de los tiempos. A esta música le acompaña el seco e insistente
repiqueteo de unas castañuelas de madera de haya de gran tamaño.
Lo curioso es que cuando en el verano de 1939, los
del valle de Benasque intentaron danzar su tipiquilla musiquilla, las
autoridades franquistas se lo prohibieron, ya que les pareció
totalmente el republicano Himno de Riego. Los del valle manifestaron
entonces que ellos nunca bailaron el popular Himno, sino que, por el
contrario, fue el famoso general asturiano el que había copiado y
adaptado su música para servir a la revolución liberal.
¿Qué hay de cierto en toda esta historia? Nunca lo
sabremos. Pero lo que hoy nos interesa comprobar es la pervivencia y
popularidad del llamado Himno de Riego, que a pesar de su persecución
en diferentes periodos de la historia reciente de España sigue
conservando ese tonillo liberal y callejero, al que muchos españoles
somos tan aficionados. Porque algo tendrá esa controvertida
contradanza cuando, como a Homero y Cervantes, se la disputan tantos y
tan variados músicos.
(Política. Nº 24 y 25. Abril-Marzo 1997. Enero-Febrero 1998)
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