IRUN. DV. La sala de exposiciones de la Caja Laboral se ha teñido
de morado, amarillo y rojo. Una bandera republicana preside el
lugar que hasta el día 22 ocupará la exposición El cartelismo
en la II República, organizada por la Asociación Republicana
Irunesa Nicolás Guerendiain. La colección, que fue inaugurada
ayer por el escultor Néstor Basterretxea, recoge una colección
de alrededor de 80 carteles que muestran el ingenio de
dibujantes, ilustradores, pintores, escultores y diseñadores gráficos
que apoyaron entre 1936 y 1939 la causa republicana.
Allí están representados los principales artistas de la época.
Entre otros, Mauricio Amster, Bagaria, Arturo Ballester, José
Renau y José Bardasano, con el objetivo de rendir «un homenaje
a sus autores, artistas de la comunicación», ya que «el
cartelismo nació libre y multitudinario y fue posteriormente
controlado y sometido al Gobierno. Con la derrota, carteles y
cartelistas sufrieron el olvido, el expolio y la pérdida de
memoria histórica», explican los organizadores de la muestra
en un gran panel que se encuentra en la sala. Por eso, «hay que
felicitar a los organizadores que han recopilado todo esto,
porque lo cierto es que resulta emocionante verlo», explicaba Néstor
Basterretxea durante la inauguración.
Los carteles que reúne la muestra son el reflejo del desarrollo
histórico-político de la guerra, con temáticas como la
revolución, las milicias, el esfuerzo de la guerra, la cultura
o la mujer. «La muestra permite reflexionar sobre el drama que
supuso la contienda, además de mostrar la creación artística
en aquella época», explicaba Ricardo S. Urolategui,
organizador de la muestra.
«El cartel es un grito en tiempos de guerra, ya que de otra
forma no se animaría la gente a combatir», comentaba Néstor
Basterretxea. Por eso, en la exposición, según el artista
vasco, «se percibe un ritmo de violencia».
Los trabajos muestran, por ejemplo, a un campesino que reclama
libertad levantando su hoz; a un obrero que levanta su martillo
para aplastar al fascismo; o a una bota italiana que aplasta la
península ibérica; Y es que el cartel «cobró fuerza al poder
explicar y expresar mejor que nadie un hecho, una idea, una
petición, un ruego, un consejo..., ya que la primera cualidad
del cartelismo es su inmediatez», señalaban desde la
organización.
Mensajes sólidos.
«Un cartel busca la eficacia de lo que dice», señalaba
Basterretxea, por eso, los mensajes que se pueden leer en ellos
son sencillos pero sólidos. Algunos son duros, pero «son parte
de la historia», explicaba Urolategui. Otros, en cambio, más
sosegados, «reflejan la intención de la República por
intentar que el pueblo adquiriera unos conocimientos básicos»,
añadía. Leed. Combatiendo la ignorancia derrotaréis al
fascimo; o Guerra implacable al analfabetismo son algunos de
ellos. También están los que invitan a la lucha mediante
frases como ¿Atacad! Soldados de la República o Ganad la
guerra. «Pero sería una equivocación pensar que la II República
fue guerra, simplemente se tuvo que defender», opinaba
Urolategui.
Entre las reproducciones que recoge la sala de la Caja Laboral,
se encuentra una de las obras de sobra conocidas por el público:
Guernica de Pablo Picasso. «Es un cartel publicitario, aunque
no se diga, ya que representa la metamorfosis de su obra
anterior», decía con rotundidad Urolategui. Dos láminas del
autor colocadas al lado, tituladas El sueño y la mentira de
Franco, apoyan la teoría. «Estas láminas recogen imágenes
que después fueron representadas en el Guernica», añadía.