República - MUJER EN LA GUERRA CIVIL ESPAÑOLA.




 

LA MUJER EN LA GUERRA CIVIL ESPAÑOLA.

2º GRADO EN ARQUEOLOGÍA.

EL PAPEL DE LA MUJER EN LA GUERRA CIVIL ESPAÑOLA.

TRABAJO PRÁCTICAS HISTORIA CONTEMPORÁNEA.

Helena Guardo Molina, Mayte Martínez Medina, Ana Inés Rodríguez Benítez y Lucía Sanz Senovila 

23/05/2012

 

ÍNDICE

INTRODUCCIÓN

CAMBIOS EN LA SOCIEDAD ESPAÑOLA DURANTE LA REPÚBLICA: LA MUJER DEJA LA ESCENA DOMÉSTICA PARA DEJARSE VER EN LA PÚBLICA. INICIATIVA POLÍTICA DE LA MUJER.

EL PAPEL DE LA MUJER DURANTE LA GUERRA A LO LARGO DE LA HISTORIA: 

1. REINAS LIDERANDO BATALLAS. 

2. DEFENSA DEL HOGAR ANTE ATAQUES EXTERNOS. 

3. ACOMPAÑANDO A LAS TROPAS: COCINERAS, RAMERAS.

POSICIONES ADOPTADAS POR LAS MUJERES DURANTE LA GUERRA CIVIL: 

1. MUJERES CON CONCIENCIACIÓN POLÍTICA.

- Organizaciones femeninas. 

- Figura de la miliciana. 

- Mujeres en la retaguardia. 

2. MUJERES “ANÓNIMAS”: SUPERVIVIENTES EN EL BANDO EN EL QUE LE TOCÓ VIVIR.

¿QUÉ SE LES PEDÍA A LAS MUJERES DURANTE LA GUERRA? 

ARGUMENTOS DE ATRACCIÓN. 

1. BANDO REPUBLICANO. 

2. BANDO NACIONAL.

UN CASO CONCRETO: LAS TRECE ROSAS

CONCLUSIÓN.

 

España Republicana.

Una de las figuras más importantes de mujeres con conciencia política es la dirigente anarquista Federica Montseny, nombrada anteriormente. Pero tampoco podemos olvidar el papel movilizador que siempre detentó la dirigente comunista Dolores Ibárruri, "La Pasionaria".

Simbolizaba a las madres de la clase obrera en la tragedia de la Guerra Civil. Llegó a ser comandante honorario del 5º Regimiento y, como diputada y vicepresidenta del Parlamento, fue una de las políticas más conocidas y célebres simbolizando la lucha popular contra el fascismo y la opresión. Su carisma captó la atención internacional mientras en España era una figura recurrente, no solo como proyección del papel de la mujer republicana en el conflicto, sino de la lucha contra el fascismo.

María Zambrano fue otra de las figuras destacadas de este marco político y social.

Ella era ensayista y filósofa, discípula de Ortega y Gasset, tuvo un papel activo durante la Guerra Civil junto al bando republicano en 1936, lo que la llevó al exilio unos años después. En los años 30 formó parte de las Misiones Pedagógicas, de ayuda social.

Colaboró en la defensa de la República cuando la guerra ya se daba por perdida y fue nombrada Consejera de Propaganda y Consejera Nacional de la Infancia Evacuada. Hubo otras mujeres que desempeñaron papeles notorios e importantes en la guerra.

Entre ellas figuran Margarita Nelken, socialista que se convirtió al comunismo durante la guerra; la socialista Matilde Huici, la republicana Victoria Kent, la republicana de Esquerra Catalana Dolors Bargalló y la anarquista Lucía Sánchez Saornil. Estas mujeres estaban unidas en la lucha contra el fascismo. Evidentemente todo este deseo de renovar los roles de género necesitaba de una serie de organizaciones femeninas que canalizaran el esfuerzo del colectivo de mujeres.

Entre las distintas organizaciones surgidas existía una serie de intereses comunes tales como el acceso a la educación, el trabajo remunerado y el compromiso con el esfuerzo bélico. Después se vería que las distintas tendencias políticas existentes en el bando republicano bloquearon en gran medida este esfuerzo.

En un principio se formó un frente unido entre la Agrupación de Mujeres Antifascistas (AMA), su homónima catalana, la Unió de Dones de Catalunya (UDC), y las organizaciones juveniles Unión de Muchachas (UM) y la catalana Aliança Nacional de la Dona Jove (ANDJ).

La AMA, de orientación comunista, existía antes del alzamiento militar, pero fue durante la guerra cuando adquirió su definitivo impulso. Para el verano tenía más de 50.000 afiliados. Su objetivo era integrar a las mujeres en la causa antifascista y al mismo tiempo promocionar al Partido Comunista de España.

Su secretaria general, Encarnación Fuyola, promovía la unión de todas las mujeres como garantía de igualdad de derechos y aunque lo negaba categóricamente, en realidad buscaba formar un Frente Popular femenino bajo control comunista. La AMA estaba integrada por mujeres comunistas, socialistas y republicanas así como por republicanas católicas vascas.

Junto a la Unió de Dones de Catalunya (UDC) y los organismos juveniles, la AMA se convirtió en la organización más importante del momento. La Unió de Dones de Catalunya (UDC) creada en noviembre de 1937 era la organización de mujeres antifascistas de Cataluña.

Era un movimiento similar al de la AMA, pero a diferencia de éste, no fue creado siguiendo la línea comunista del PSUC catalán sino que se desarrolló de una manera autónoma con el apoyo de Esquerra Republicana de Catalunya (ERC). Tanto el programa de la UDC como de la AMA era muy parecido en líneas generales.

Se centraba en la incorporación de las mujeres a la lucha antifascista, la igualdad laboral, la defensa de la retaguardia, la protección de la salud de las madres y de los niños, la mejora de la educación, la cultura, la formación profesional, la asistencia social y la eliminación de la prostitución.

La influencia de los partidos comunistas en los movimientos juveniles también era patente. La Unión de Muchachas (UM) y la Aliança Nacional de la Dona Jove (ANDJ) impulsaron las demandas de acceso al trabajo, formación, educación, puestos de trabajo e igualdad de trato con los hombres. Otro movimiento de importancia femenino durante la guerra civil fue la organización de ideología anarquista Mujeres Libres. Fundada en abril de 1936.

El estallido del conflicto extendió el número de afiliadas por toda la España republicana (unas 20.000). Su núcleo inicial estaba formado por Lucía Sánchez Saornil, Amparo Poch i Gascón y Mercedes Comaposada.

Su programa era esencialmente cultural y educativo ayudando a proporcionar a las mujeres una educación básica y cierta formación política que les permitiera formar parte en las actividades anarquistas. Al contrario que AMA, que rechazaba todo programa de cambio revolucionario, Mujeres Libres consideraba la guerra como una oportunidad para realizar la revolución de las mujeres.

Al igual que en el caso de la AMA, las exigencias de la guerra acabaron difuminando sus demandas feministas y, en la práctica, se obligó a todas las organizaciones femeninas a ajustar sus actividades a la supervivencia y a la lucha contra el fascismo.

 

Figura de la miliciana.

Durante las primeras semanas de la guerra, tanto hombres como mujeres antifascistas se implicaron en la lucha por unos ideales. Ante esta prioridad, los roles de género asociados a la mujer experimentaron lo que parecía un debilitamiento considerable, pues sus compañeros no las veían tanto como madres, esposas o amas de casa, sino como compañeras con las que se solidarizaban y con las que compartían opiniones y objetivos.

Al estallar la revolución, muchas mujeres dejan de lado las labores domésticas para convertirse en milicianas. Esto genera un nuevo tipo de propaganda, en la que se emplea a la mujer como heroína de guerra, símbolo de lucha y revolución. Sin embargo, al contrario de lo que podría parecer, no siempre estuvo enfocada al sector femenino, pues se llegaron a emplear imágenes provocadoras, a las que los hombres respondían en su “deber viril” por alistarse como soldados.

Tenemos testimonios de mujeres que abandonaron su casa para ir al frente. Aunque es verdad que era una mínima parte, en un primer momento a las mujeres que quisieron participar en el frente no se le impidió, ya que toda fuerza humana era bienvenida.

El verano de 1936 fue el verano de la “heroína miliciana”. Algunas de estas mujeres nos cuentan que al llegar allí las trataban como a todos los demás, de forma igualitaria, pero lo cierto es que encontramos testimonios de mujeres que cuentan que sí que eran víctimas de la discriminación sexual, dándose, por lo tanto, los dos casos.

La situación era más bien sufrida por jóvenes que, solteras y libres de las tareas domésticas y maternales, se alistaban con motivo de su rechazo al fascismo. Muchas se fueron también acompañando a amigos o a sus parejas. Incluso se sabe de alguna madre que se marchó al frente con su hijo.

Su decisión de participar en el combate armado venía motivada por el deseo de defender los derechos políticos y sociales que habían adquirido durante la Segunda República y demostrar su repulsa al fascismo.

Pero en realidad, la figura de la Miliciana tuvo más un carácter propagandístico que real. De hecho, hay quien dice que se le permitió participar y se llevaron a cabo campañas de reclutamiento por la inferioridad en número del ejército republicano frente a la gran ayuda alemana e italiana de los nacionales. Mujeres en la retaguardia.

A pesar de los llamamientos a la población femenina, no contaron con muchas facilidades para alistarse en el frente, y menos aún según avanzaba el conflicto. Por medio de los métodos oficiales existieron, contradictoriamente, muchos rechazos por el hecho de ser mujeres.

Finalmente se acabó llamando a su retirada hacia la retaguardia. Entre los argumentos empleados para este movimiento estuvo su falta de preparación militar y fuerza física para realizar adecuadamente los ataques. Este hecho atendió también a la idea de que las mujeres no poseían, dado a su condición biológica, habilidades para la estrategia y las actividades bélicas. Esta visión llegó a ser muy aceptada incluso por las propias milicianas, que se retiraron para elaborar tareas auxiliares, como lavanderas, enfermeras o cocineras, asegurando el mantenimiento de las tropas.

“Hombres al frente, mujeres a la retaguardia” fue un lema empleado que consiguió la retirada de muchas milicianas de los frentes, convencidos de que resultaban más útiles en labores de mantenimiento. Sin embargo, no todas volvieron. A partir de ahora, las mujeres fueron las heroínas de la retaguardia, modelo a imitar por todas ellas.

Esta imagen llegó a ser un factor importante en las estrategias para movilizar a las mujeres hacia las causas antifascista y revolucionaria. En este ámbito no beligerante, miles de mujeres se lanzaron a esfuerzos bélicos que iban desde trabajar en fábricas de municiones al voluntariado en servicios sociales, campañas educativas, proyectos culturales y actividades de apoyo a los combatientes. Las mujeres pues, desempeñaron un papel decisivo en la resistencia civil al fascismo.

Otro argumento empleado para conseguir esta separación por sexos en las posiciones frente al enemigo, fue la propagación de las enfermedades venéreas en el frente, de la cual se culpaba a las mujeres, y se las llegó a acusar de ir a los frentes solo para ejercer la prostitución.

Es cierto que hubo prostitutas implicadas en la batalla, pero resultaban una minoría y no todas continuaron trabajando una vez alistadas. La mayoría se implicaron en la guerra por motivos políticos. La desacreditación de las prostitutas en el frente fue comparada con los criminales que salieron de las cárceles para ser soldados, y a los que sí se les permitió continuar en el frente.

A modo de resumen, podemos ver entonces cómo la mujer falangista únicamente realizó tareas en la retaguardia, donde se permitía su contribución. Los grupos políticos fascistas, a la hora de organizar la lucha contra las reformas que amenazan sus antiguos privilegios, fomentaron la creación de secciones femeninas que reforzasen sus objetivos mediante la educación de las familias en los valores nacionalistas.

Paralelamente, los grupos de “rojos” hacen lo propio con sus secciones o filiales femeninas en sus partidos. Aquí, la mujer, además de acceder al ejército, del que pronto sería separada, se integró masivamente en las organizaciones políticas, sindicales, municipales, ciudadanas, etc., llegando a escalar puestos de dirección política.

 

MUJERES “ANÓNIMAS”: SUPERVIVIENTES EN EL BANDO EN EL QUE LES TOCÓ VIVIR.

Las mujeres “anónimas” eran aquellas que no manifestaban la ideología a la que están vinculadas. Su papel corresponde a un principio de supervivencia o de responsabilidad hacia las personas que de ellas dependían. Desempeñaron las funciones de siempre, e incluso algunas tuvieron que buscar trabajo ante la falta de ingresos de la familia, a pesar de que esto estaba en contra de lo que eran sus labores como mujer y en muchos de los casos, de lo que consideraban moral.

Si se alinearon a una ideología concreta fue atendiendo a la de los miembros varones de su familia. Ante las consecuencias de la guerra, las mujeres, al no desempeñar tanto un papel en el propio frente, muchas se centraron en sacar adelante a su prole, pues sus maridos habían muerto o estaban en la lucha, y juntas participaron en la creación de guarderías, comedores populares, hospitales, condujeron transporte público... Sintieron así, con su capacidad de sacar las cosas adelante, que vencían los prejuicios sociales, desempeñando tareas que eran consideradas de hombres.

 

¿QUÉ SE LES PEDÍA A LAS MUJERES DURANTE LA GUERRA?.

ARGUMENTOS DE ATRACCIÓN.

BANDO REPUBLICANO.

En los territorios ocupados por los republicanos encontramos publicaciones en prensa halagando la labor de las mujeres y solicitando su ayuda. Se dirigen a ellas como “madres heroicas”, “mujeres del pueblo”, “hermanas”.

En estos llamamientos siempre se parte de sus obligaciones familiares para con el varón, condicionando así las labores en las que pueden contribuir: en la retaguardia. La heroicidad del frente queda para los hombres. Se le pide a la mujer que aprenda el manejo de las armas y que sea útil en la retaguardia confeccionando ropas, atendiendo hospitales, heridos, niños, recogiendo la cosecha... y todo eso sin abandonar sus labores del hogar.

Pero hay un cambio. La mujer pasa a ocupar el papel del hombre en las fábricas, oficinas, industrias, tranvías... irrumpe en la producción, aunque sólo sea como reemplazo del hombre mientras éste está luchando. Pero ningún texto ignora tampoco que hay mujeres en el frente, aunque el puesto que más se les anima a cubrir es la retaguardia.

Se dirigen a ellas como liberadoras de la sociedad y defensoras de sus derechos, apelando a que la lucha es para conseguir un “nuevo orden social” contra los enemigos de la clase obrera, el fascismo, la sociedad capitalista, y por el triunfo del proletariado, por el porvenir de los hijos, y por la liberación económica y social.

Estas mujeres, con su lucha, defienden la emancipación del hombre, es decir, permitir a la obrera tomar sus propias decisiones y acceder a la educación. Pero sin dejar de tener sus obligaciones propias como mujer.

 

BANDO NACIONAL.

En esta España existe un número menor de llamamientos, quizá porque como hemos apuntado antes, el número de ayuda exterior al bando nacional era mucho más elevado que el del republicano. Pero en los pocos llamamientos que existen, se busca la exaltación y alabanza de las virtudes típicamente femeninas y que se realizaban en retaguardia.

Se les pide que ayuden a ganar la guerra levantando la moral de los soldados, ayudándoles en la confección de prendas, rezando por ellos y sobre todo, recristianizando a la sociedad y vigilando las costumbres de su hogar. También existen críticas en la moda de vestir y el maquillaje y se les dice cómo deben hacerlo y también cómo deben comportarse.

Se les pide modestia y recato, apuntando ya con estas medidas a lo que luego iba a ser la dictadura franquista. Los argumentos utilizados para convencerlas van desde la importancia que tienen en la victoria, como su culpabilidad si no se vence. Se dirigen a ellas como patriotas, responsables de afianzar la civilización cristiana, conservar la honestidad y el pudor, defender la fe, la familia y la Justicia y la Paz de la Patria.

Otro argumento es la importancia a la maternidad, pues son las continuadoras de la raza y educadoras de los hijos. La recompensa por su participación sería la victoria que llevaría a una Nueva España, donde la mujer tendría una seguridad económica (la familia) y sería respetada, podría educar a sus hijos en el amor a la Patria, la que sería grande y libre de los extranjerismos.

No se especifica cuál sería su papel en este nuevo régimen, dándose por entendido que el que habían tenido siempre: el hogar.

 

AYUDA INTERNACIONAL.

La guerra Civil fue una contienda que tuvo un gran eco internacional. El mundo estaba pendiente de lo que sucedía en España, ya que era la antesala de lo que poco después ocurrió en la Segunda Guerra Mundial. Ambos bandos obtuvieron ayuda externa.

El bando nacional obtuvo ayuda de grandes potencias como Italia o Alemania.

El bando republicano, de la URSS y Argentina, principalmente, y de las Brigadas Internacionales, grupos de soldados voluntarios procedentes de 54 países diferentes. Esta ayuda podía venir materializada de muchas formas, como armamento, con efectivos humanos, con suministros, ropa, comida, mantas, etc.

Aunque no fueron muchas, esta labor de ayuda también la llevaron a cabo mujeres extranjeras.

Un ejemplo es M. M. Levina, intérprete que estuvo en el frente de Málaga junto a los soldados del Frente Popular.

A parte de intérpretes, también tenemos el testimonio de mujeres, que desde países extranjeros, como Argentina, se dirigieron a España a formar parte del frente bélico como milicianas. Algunos nombres son Elena Muñoz, Lena Abrazón, Fanny Edelman o Iris Pavón.

Fueron pocas en comparación con las mujeres que llevaron a cabo las labores de recogida de enseres de primera necesidad para enviarlos a España, pero también tuvieron gran importancia. La figura de las voluntarias internacionales fue muy importante también. Muchas de ellas formaban parte del Servicio Sanitario Internacional y eran enfermeras y médicas.

Algunos nombres son los de Edith Kent o María Langer. Muchas eran soviéticas y austriacas.

En Argentina hubo un gran movimiento popular de apoyo a la causa republicana. Se seguía la guerra desde las casas y se apoyaba a los españoles de la forma que cada uno podía, con suministros, voluntarios, dinero (por poco que fuera, etc.). 

Se crearon multitud de asociaciones como las Juntas Antiguerreras, los Socorros Rojos, los Comités de Ayuda, etc., y a través de ellos se iba distribuyendo la ayuda. 

Todos ellos nacieron en 1936 movidos por su oposición al fascismo. 

Mujeres de la talla de Emma Goldman, Dolores Ibárruri, Federica Montseny, Victoria Kent, J. Pérez Álvarez, S. Weill magnetizaban a estas mujeres con su oratoria y actitud hacia la causa republicana.

Con esta ayuda, se intentaba acabar con la significación del dicho italiano: “total mullier in utero”, que daba a entender que para lo único que servían las mujeres era para dar “soldaditos” al Estado, siendo las productoras de “carne de cañón” que despedían a los soldados y lloraban su pérdida. 

 

UN CASO CONCRETO: LAS TRECE ROSAS.

Tras la caída de las Juventudes Socialistas Unificadas al finalizar la guerra, casi todos los militantes del partido fueron detenidos debido a la confesión de José Pena, el secretario general del comité provisional de las JSU. Esta organización cayó totalmente y no pudo reorganizarse. 

Una de las razones por las cuales se localizó tan rápido a los militantes se debió a que las fichas de los mismos no habían podido ser destruidas a tiempo, debido al golpe de Estado del general Casado en marzo de 1939. 

Entre los detenidos se hallaban “Las Trece Rosas”, conducidas primero a instalaciones policiales, donde fueron torturadas, y después a la cárcel de mujeres de Ventas, construida para 450 personas y en la que se hacinaban unas 4.000. 

El 29 de julio de 1939 tres antiguos militantes de la JSU, asesinaron a Isaac Gabaldón, Comandante de la Guardia Civil y militar, junto a su hija y el chófer en Talavera de la Reina. Por este crimen, fueron juzgados el 3 de agosto 57 miembros del Partido, de los cuales 14 eran mujeres. 

Entre los acusados se encontraban los tres asesinos de Gabaldón, mientras que la mayoría había sido detenida antes del atentado. En el juicio se dictaron 56 penas de muerte, librándose sólo una de las mujeres. Los acusados que no habían participado directamente en el atentado contra Gabaldón fueron acusados de reorganizar las JSU y el PCE. 

La mayoría de las ejecuciones (incluyendo las de "las Trece Rosas") tuvieron lugar en la madrugada del 5 de agosto de 1939, junto a la tapia del cementerio de la Almudena de Madrid. Al día siguiente fueron fusilados los autores materiales del atentado. 

Nueve de las jóvenes fusiladas eran en el momento de su muerte menores de edad, ya que la mayoría de edad estaba establecida en 21 años (hasta el año 1978, cuando se deroga la ley y se rebaja la mayoría de edad hasta los 18). 

Por su juventud, a estas mujeres se las comenzó a llamar "las Trece Rosas”, y su historia se convirtió pronto en una de las más conmovedoras de aquel tiempo. 

El fusilamiento de 13 jóvenes mujeres en el Madrid de la posguerra, con fusilamientos diarios, no tuvo ninguna relevancia pública, pero dentro de las cárceles, especialmente en las de mujeres como la de Ventas, se convirtió en un símbolo que pervivió frente al olvido. 

"Sus ideas y su lucha están hoy más vigentes que nunca en Madrid, en España y en el mundo.

Su memoria ya no volverá a ser borrada" ( 1 ), señaló el presidente de la Fundación Trece Rosas, José Cepeda.

Las Trece Rosas fueron:

Carmen Barrero Aguado (20 años, modista);

Martina Barroso García (24 años, modista);

Blanca Brisac Vázquez (29 años, pianista), era católica y votante de derechas y escribió una carta a su hijo la madrugada del 5 de agosto de 1939, que le fue entregada por su familia 16 años después. La carta aún se conserva.

Pilar Bueno Ibáñez (27 años, modista);

Julia Conesa Conesa (19 años, modista).

Adelina García Casillas (19 años, activista);

Elena Gil Olaya (20 años, activista);

Virtudes González García (18 años, modista), amiga de María del Carmen Cuesta (15 años, perteneciente a las JSU y superviviente de la prisión de Ventas, apodada “la peque”);

Ana López Gallego (21 años, modista), se cuenta que no murió en la primera descarga y que preguntó "¿Es que a mí no me matan?";

Joaquina López Laffite (23 años, secretaria);

Dionisia Manzanero Salas (20 años, modista);

Victoria Muñoz García (18 años, activista);

Luisa Rodríguez de la Fuente (18 años, modista).

El cine y la literatura han intentado que no se olvide el recuerdo de estas mujeres.

Además de la película homónima y varios libros del periodista Carlos Fonseca, hay que destacar el documental “Que mi nombre no se borre de la historia”, cuyo título es la última frase de una carta de Julia Conesa dirigida a sus familiares. Sin embargo, el mejor documento sobre su historia son las cartas que les fueron permitidas escribir la noche antes de su ejecución.

En especial, queremos recordar la de Blanca Brisac a su hijo: "Voy a morir con la cabeza alta…

Sólo te pido… que quieras a todos y que no guardes nunca rencor a los que dieron muerte a tus padres, eso nunca. Las personas buenas no guardan rencor… Enrique, que te hagan hacer la comunión, pero bien preparado, tan bien cimentada la religión como me la cimentaron a mí. Te seguiría escribiendo hasta el mismo momento, pero tengo que despedirme de todos. Hijo, hijo, hasta la eternidad.

Recibe después de una infinidad de besos el beso eterno de tu madre”.

 

CONCLUSIÓN DEL TRABAJO.

Para finalizar, queremos apuntar que el machismo presente en la sociedad de la época no experimentó un cambio tan marcado como se podía esperar en los primeros días de la guerra, con el alistamiento de milicianas. Sin embargo, siempre fue un hecho tenido en cuenta, y la labor de muchas mujeres en los frentes fue notablemente valorada por sus compañeros y compañeras. Aunque sinceramente, la figura de la Miliciana tuvo más un carácter propagandístico que real.

Sí se produjo un avance en los derechos de la mujer, pero fue un “pseudo-avance”, ya que en cuanto terminó la guerra, la situación de la mujer no varió en gran medida.

Es verdad que la sociedad se dio cuenta de su importancia, y muchos de sus nombres no se olvidarán nunca, pero también sería un error deducir que la Guerra Civil Española fue la “libertadora de las mujeres”.


( 1 ) Cita literal del día 17/10/2010, en la entrevista realizada al Periódico “El Público”. Disponible una versión digital en la dirección http://www.publico.es/espana/342036/muere-la-peque-de-las13-rosas


Podemos notar cómo la conciencia política en el bando republicano se nota, lo dan a entender y se hacían notar bajo el nombre de su partido. Sin embargo, las nacionales, no tenían reivindicaciones políticas ni defendían una situación propia de las mujeres en concreto, pues para ellas sólo existía un partido.

Así pues, no defendían las libertades individuales de las españolas, sino que clamaban por una “España libre” para todos, pero manteniendo la tradición de roles. Pero este machismo no sólo era expresado por los hombres, sino que las propias mujeres se auto-convencían de su papel preestablecido por la diferencias de género.

En el bando republicano, este machismo se achacaba a la mentalidad de cada individuo.

Esto se ve en los testimonios de las propias mujeres que participaron en el frente: algunas cuentan que fueron aceptadas “como uno más”, mientras que otras sí que se alude a la discriminación.

Posteriormente, la mujer seguirá intentando dando a entender su valía en otros conflictos armados como la Segunda Guerra Mundial, donde podemos destacar por ejemplo, el importante papel que tuvieron las espías británicas.

Pero en España, tras la instauración de la dictadura franquista, las libertades y derechos conseguidos por las feministas en años anteriores, se ven frustradas. De acuerdo con la imagen católica, debía ser modesta, discreta, vergonzosa... no podía disponer de dinero propio y era sustentada por su marido.

En las ocasiones donde un solo sueldo no era suficiente para mantener a la familia, se les proporcionaban ayudas económicas desde el Estado. A partir de la “Ley de ayuda familiar” de 1946 toda mujer casada que trabajara, no tenía derecho a esta ayuda. La única misión que podía ostentar era la maternal y la proporción de alegría y amor al marido, quedando sometida a él.

Si la mujer estudiaba o trabajaba era por pura necesidad.

La realización de estas actividades por gusto estaba mal vista, pues significaban que el hombre de la casa no podía mantener a la familia. Las discriminaciones hacia la mujer se justificaban con bases biológicas.

Según el Doctor Antonio de Granda, los “yugos sexuales como la menstruación, el embarazo, el parto o la menopausia, hacen a la mujer esclava de su biología y de sus sentimientos, impidiéndole el libre vuelo de sus facultades mentales”.

Así pues, según la opinión general de esa época, las mujeres que destacaban en la historia lo conseguían por “masculinizarse”, en el sentido de que llevaban a cabo empresas características del hombre.

Para alivio de nuestras antepasadas, con la llegada de los años 50 todas estas condiciones en el papel social y familiar de la mujer se suavizaron poco a poco hacia una mayor igualdad, que aún hoy sigue su camino en busca de la meta.

 

BIBLIOGRAFÍA Y OTROS RECURSOS UTILIZADOS.

Las mujeres y la Guerra Civil española: III Jornadas de Estudios Monográficos, Salamanca, octubre 1989, Ministerio de Asuntos Sociales, Instituto de la Mujer, Madrid, D.L.1991

Conflicto y sociedad civil: la mujer en la Guerra: "Cuartas Jornadas sobre la Batalla de Bailén y la España Contemporánea" / organizadas por el Excmo. Ayuntamiento de Bailén; coordinación científica de las jornadas, Francisco Acosta Ramírez, Jaén, Universidad de Jaén, 2003.

Nash, Mary, Tavera, Susana, Experiencias desiguales: conflictos sociales y respuestas colectivas (siglo XIX), Madrid: Síntesis, D.L. 1994.

Carabias Álvaro, Mónica, Rosario Sánchez Mora, la dinamitera (1919), Ediciones del Orto, Madrid, 2001

 

 

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