Republica - ALAVA

TEODORO OLARTE AIZPURU

 

Teodoro Olarte Aizpuru fue elegido presidente de la Comisión Gestora de la Diputación de Álava de 1931 a 1933 y de febrero a julio de 1936. El 18 de julio de 1936, el que fuera legítimo antecesor de la actual figura del Diputado General de Álava fue detenido y llevado a la cárcel de Vitoria quedando posteriormente en libertad bajo arresto domiciliario. Pero el 17 de septiembre del mismo año fue nuevamente arrestado y llevado al Gobierno Civil. 

En la madrugada del 18 de septiembre de 1936 fue sacado de la cárcel, conducido a las proximidades del Bayas, cerca de Miranda de Ebro siendo brutalmente asesinado

Este asesinato político se produjo en la figura de Teodoro Olarte por su condición de representante de los alaveses y las alavesas. Por ello existe una deuda colectiva en la recuperación de la memoria histórica de esta figura, junto a la de todos y todas las que sufrieron la represión fascista.

La II República fue el primer régimen realmente democrático en nuestra historia, con medidas tan decisivas como la implantación del sufragio verdaderamente universal con reconocimiento del derecho al voto de las mujeres. La Constitución de 1931 fue también la primera que abordó el reconocimiento de derechos sociales y económicos y las bases de lo que hoy conocemos como Estado de Bienestar. Asimismo, trató de resolver al problema de la articulación territorial de España mediante el sistema de Estatutos de Autonomía elaborados por iniciativa de los territorios que aspiraban a su autogobierno, y se adelantó en proclamar la renuncia a la guerra como instrumento de política internacional.

Por su carácter universal, los valores republicanos perviven en el día de hoy y renacen con vigorosas raíces. Muchos de los ideales que nos fueron legados por la II República Española, de cuya proclamación celebramos en 2006 el 75 aniversario, tienen que ver con las preocupaciones de la ciudadanía de hoy: la libertad y la laicidad; la igualdad entre mujeres y hombres; la escuela pública; la virtud cívica y la honestidad; el federalismo, la paz y el respeto de los derechos humanos; el compromiso con la suerte de los trabajadores y trabajadoras, los derechos sociales y el bien común. En una palabra, el compromiso con una democracia avanzada.


En mayo de 2006 desde el Grupo Juntero de Ezker Batua presentamos una iniciativa en la que se instaba a la Diputación Foral a restituir la figura histórica de Teodoro Olarte, como símbolo de la defensa de los principios y valores republicanos, y de todas las personas que por defender la democracia fueron asesinadas, torturadas y represaliadas. Propusimos que se le hiciera entrega de la Medalla de Álava, que un retrato suyo acompañara al del resto de Diputados Generales en el Palacio de la Provincia y que se encargara al Instituto Valentín de Foronda la realización de un estudio, y su posterior publicación, en relación con la represión franquista en Álava. Todas estas propuestas fueron apoyadas en pleno por todos los grupos junteros, a excepción del Partido Popular, el 26 de septiembre del pasado año. 

La recuperación de la memoria pasa inexorablemente por el reconocimiento público de aquellas personas que sufrieron la represión fascista, máxime cuando el castigo iba encaminado a acabar con la legalidad vigente y el orden constitucional. En este sentido, en el Territorio Histórico de Álava y en la propia Diputación Foral tenemos un ejemplo paradigmático en la figura de Teodoro Olarte Aizpuru.

Entre el brutal asesinato de Teodoro Olarte, Presidente de la Comisión Gestora de la Diputación Foral de Álava, el 18 de septiembre de 1936 a manos de los golpistas-rebeldes-fascistas, y la entrega de la Medalla de Álava a título póstumo en el día de hoy por la Diputación Foral de Álava han pasado ¡71 años…! ¿Cómo, qué, por qué, quiénes han hecho posible tanto olvido, tanto silencio, tanta ingnominia?


Paradójica y felizmente, y cumpliendo con el mandato de las Juntas Generales (y no por iniciativa propia), hoy el señor Rabanera va a hacer entrega de la Medalla de Álava a título póstumo a Teodoro Olarte. Digo paradójicamente, y voy a explicar por qué. Este acto va a estar cargado de distintas connotaciones y significados: Para su familia será un acto fundamentalmente emotivo, afectivo y reparador. Para la mayoría se trata de un acto de justicia, de reconocimiento, de recuperación de la memoria histórica y sosiego para la democracia. Pero para unas pocas personas entre las que se encuentra el señor Rabanera, se trata de “abrir otra vez viejas heridas”, de “bandos” y “enfrentamientos”. Nada más lejos de la realidad, señor Rabanera. Sabemos que la construcción de la realidad es compleja y que la memoria es relativa y que depende de la experiencia personal y colectiva. Entonces ¿cuál ha sido su experiencia personal, política y simbólica para llegar a equiparar a víctimas y verdugos? ¿Qué hace posible que usted se niegue a homenajear a demócratas con una escultura que les recuerde porque “faltan” los que les asesinaron? ¿Qué equidistancia aberrante le ha hecho incapaz de entregar la misma Medalla de Álava a las Víctimas del 3 de Marzo? ¿Con qué mimbres ha construido usted su memoria, señor Rabanera? Yo le puedo contar una pequeña anécdota de cómo he construido la mía. 
Hace también 70 años, y en un pueblo de La Mancha, los mismos que mataron aquí a Olarte y a tantos otras personas, sacaron por la fuerza de su casa a un niño y a una niña, a mi tío Ascaso y a Libertad. También a la fuerza los bautizaron y les cambiaron el nombre: Ascaso se llamaría Antonio en honor a Primo de Rivera y Libertad Maria del Carmen, por la Polo de Franco. Otro Antonio, el padre de mi tía Libertad, nada pudo hacer para impedirlo, porque unos meses antes había muerto por las naturales causas que producen varios disparos y un tiro de gracia. En su certificado de defunción consta “muerte por paro cardiaco”; natural, porque el corazón se para cuando te matan. Su delito, ser sindicalista, campesino, republicano y miembro de la FAI. 
Y por eso la asimetría y la equidistancia que usted, señor Rabanera, trata de establecer es grave, ofensiva e incluso peligrosa. Hacer tábula rasa y poner al mismo nivel a Libertad y los asesinos de su padre, y a Olarte y a quienes le robaron la vida es cínico e hiriente. Hace unos años me encontré con mi tía Libe, me repetía que su padre no había hecho nada malo, que era un buen hombre. Entre sollozos, sola, 70 años después teniendo que defender a su padre. Víctima convertida en victimario por una construcción perversa de la historia basada en el olvido, la ocultación y la mentira.. Sr Rabanera, la herida está abierta porque nadie ha pedido perdón, nadie dijo “nunca más” como en Guatemala, Argentina o Sudáfrica.
El pasado lo interpretamos, no lo hicimos nosotros, pero las opciones políticas y de las decisiones que tomamos en el presente son enteramente nuestras, somos absolutamente responsables de lo que hacemos y decimos. 
Estamos hablando de victimas, y ellas tienen derechos, y la sociedad tiene un deber moral con las víctimas por un principio de solidaridad e igualdad. No podemos construir el futuro echando tierra sobre el pasado, hay que hablar claro, hay que nombrarlo todo, poner las cartas sobre la mesa.
Señor Rabanera, un tiro en la cabeza mata los cuerpos físicos, pero el olvido, la invisibilidad, la falta de reconocimiento y la mentira acaban con el alma y la dignidad. Le agradezco el paso de hoy, le honra, pero no es suficiente y se torna contradictorio si usted sigue anclado en la paz de los vencedores y en no ver el dolor que producen las heridas que no se han podido cerrar por la falta de verdad y justicia.


Recordando a Teodoro Olarte

Al cumplirse ahora 70 años del comienzo de la guerra civil, aquella terrible explosión de odio, parece que finalmente el clima va siendo propicio para que se honre la memoria de todos, sí, todos, los que fueron asesinados, en un bando y otro. Son cosas que debieron hacerse antes, mucho antes, y hacerse bien, pero no ha sido así.

En el palacio de la Diputación alavesa hay una sala de retratos con buena parte de los diputados generales. Falta el de Teodoro Olarte Aizpuru, que presidió nuestra Diputación desde 1931 hasta su asesinato, cometido por los sublevados en el pueblo de Bayas, junto a Miranda de Ebro, la mañana del 18 de septiembre de 1936.

Olarte había sido detenido a las pocas horas de la rebelión, aunque en un principio, por intercesión del alcalde franquista Santa Olalla, se le mantuvo en arresto domiciliario. Pero fue vuelto a detener y brutalmente golpeado. En la cárcel provincial (en la calle Paz) fue atendido por otro detenido, un joven farmacéutico, también republicano, Antonio Buesa. De la cárcel se lo llevaron a la ejecución, donde mataron a tres personas más. Olarte está enterrado en el panteón familiar del vitoriano cementerio de Santa Isabel, aunque hay dudas sobre la identidad del cadáver, por el modo en que las autoridades hicieron el traslado y otras gestiones. Pese a la mediación del obispo Mateo Múgica, a la familia se le prohibió hacer un funeral religioso por su alma. Como ha comentado una persona allegada, ya sólo faltó que dijeran a los parientes: «Hagan el favor de no llorar al difunto».

Teodoro Olarte era un conocido industrial, copropietario de La Panificadora Vitoriana, en la calle Francia. Hombre con inquietudes sociales y políticas, en las elecciones de abril de 1931, que dieron paso a la II República, resultó elegido concejal por el Partido Republicano Autónomo. Al año siguiente fue designado Presidente de la Diputación. Como tal copresidió la Asamblea de Municipios Vasco-navarros celebrada en Pamplona, en el Teatro Gayarre, el 19 de junio de 1932 para la discusión y aprobación de un Estatuto de Autonomía conjunto para las cuatro provincias (como se sabe, por un escaso margen Navarra quedó fuera del Estatuto).

Parece que Olarte había cesado en su cargo de Diputado general (Presidente, en la terminología de entonces) a principios de 1933, a pesar de haber sido confirmado en el cargo en octubre de 1933. Pero en febrero de 1936, con el triunfo de las izquierdas, volvió a su puesto, representando a Izquierda Republicana. Hombre recto y preocupado por el avance de la provincia en todos los aspectos, gozaba del aprecio de los alaveses. Bueno es que ahora, sin revanchismos ni rencores, se le haga justicia, justicia verdadera. 


ÁLAVA
La Diputación otorga la Medalla de Álava a Olarte, su presidente republicano fusilado en 1936
R. C./VITORIA


 

El Consejo de Diputados acordó ayer conceder la Medalla de Oro a título póstumo a Teodoro Olarte Aizpuru, el que fuera presidente de la institución foral durante la II República, y que fue fusilado en 1936 cerca de Miranda. Esta distinción le ha sido otorgada «como reconocimiento a su defensa de la democracia, la libertad y la legalidad constitucional en Álava», indicó el diputado general, Ramón Rabanera, cuyo Gabinete cumple así un mandato de las Juntas. 

Rabanera resumió la vida y obra de Olarte, al que la Diputación ya rindió homenaje en septiembre. Según explicó, aquel diputado general «fue un pequeño empresario copropietario de la Panificadora Vitoriana, padre de cuatro hijos, elegido democráticamente concejal y, después, presidente de la Diputación de Álava», en dos periodos distintos de la II República.

Su labor se caracterizó, recordó, «por su preocupación por el avance de la provincia, por su desarrollo y por su modernización». El propio Olarte aseguró tras su nombramiento como máxima autoridad alavesa «que actuaría con toda imparcialidad y que sería tolerante con las ideas de todos», agregó el presidente del Ejecutivo foral. Rabanera afirmó que pocas semanas después del inicio de la Guerra Civil «fue detenido y asesinado junto a varios alaveses más».

Sin monolito

Con este gesto de conceder a Olarte la Medalla de la provincia, el equipo de gobierno del PP cumple parte del mandato de las Juntas Generales, pero no todo. El PNV, el PSE, EA y EB consensuaron en septiembre una batería de acciones encaminadas a recuperar la memoria histórica.

La moción incluía la instalación en la plaza de la Provincia de un monolito «en homenaje a las personas represaliadas por la dictadura franquista». Hace sólo dos semanas, el diputado general se opuso a esta obra, «porque abriría heridas. No sirve para la reconciliación, provoca enfrentamientos y es un monumento a un solo bando».

La Diputación otorga la Medalla de Álava a Olarte, su presidente republicano fusilado en 1936

Rabanera y los familiares de Teodoro Olarte, durante el homenaje de septiembre. / IGOR AIZPURU


Autonomous communities

 

País Vasco/Euskadi

 5 Oct 1936          Autonomous Region of Basque Country
       1937          autonomy ended with conquest of the region by Franco's army
22 Dec 1979          Autonomous Community of Basque Country

Presidents of the Government (Lehendakaris) (1937-79 in exile)
 6 Oct 1936 - 22 Mar 1960  José Antonio de Aguirre y Lecube   (b. 1904 - d. 1960)
28 Mar 1960 - 22 Dec 1979  Jesús María de Leizaola Sánchez    (b. 1896 - d. 1989)
Presidents of the General Council
       1978                Juan de Ajuriaguerra Ochandiano    (b. 1903 - d. 1978)
                           (provisional)
17 Feb 1978 -        1979  Ramon Rubial Cavia                 (b. 1906 - d. 1999)
16 Jun 1979 -  9 Apr 1980  Carlos Garaikoetxea Urriza         (b. 1938)
Presidents of the Government (Lehendakaris)
10 Apr 1980 - 24 Jan 1985  Carlos Garaikoetxea Urriza         (s.a.)
24 Jan 1985 -  2 Jan 1999  José Antonio Ardanza Garro         (b. 1941)
 2 Jan 1999 -              Juan José Ibarretxe                (b. 1957)